Joos Spacewarden

joos_spacewardenHace ya 20 años de aquello, de la vez en que la joven Escara Spacewarden dio a luz a un pequeño Joos entre los cálidos brazos y el olor a crimen y estraperlo de Nar Shaddaa, la luna más grande del planeta Nal Hutta.

A pesar de que su madre nunca quiso una educación como la que recibió rodeándose de contrabando, bandas de matones y señores Hutt del crimen organizado, Joos aprendió el arte del regateo y a manejar armas sencillas a corta edad.

Joos nunca tardaba demasiado en ganarse la confianza de aquellos con los que tenía contacto, lo que le proporcionaba un negocio seguro, que le proporcionaba un sustento extra para eludir los desmanes a los que su familia se enfrentaba en Nar Shaddaa. Su madre cobraba poco en la fabricación de chips de memoria para droides, y no era extraño el mes en que algún ciudadano asaltaba la casa en la que Joos y su madre vivían para llevarse esa pequeña cantidad que ella ganaba.

La familia Spacewarden llegó a Nar Shaddaa, poco antes de nacer Joos, con la promesa de un trabajo estable y bastante bien remunerado para el padre de Joos, Bekin Spacewarden, en la empresa de gestión de cargamentos de un Hutt llamado Lirix Verasx. No era un trabajo muy complicado, como decía Bekin, ver, oír y callar; mover cajas llenas de bienes muy legales, según las hojas de datos, aunque en realidad contuvieran algo totalmente distinto. Trabajar en esa bahía de carga era algo como entrar, mover cajas y salir, y aunque los créditos no fluían como la cuenta de un ciudadano medio de Coruscant daba para hacer una vida digna y tranquila en La Luna de los Contrabandistas.

Cuando Joos cumplió los diez años, Bekin contrajo una extraña enfermedad que no tardó mucho en acabar con su vida, al no poder costearse una atención sanitaria o las medicinas para contrarrestarla, pero aún y así la familia salió adelante.

Escara era una mujer fuerte por aquel entonces, y la vida siguió con esta nueva situación. La familia Verasx la contrató para la fabricación de chips ilegales para droides, y hasta ahora continua con su trabajo.

Para la muerte de su padre, Joos ya comenzaba a moverse por los bajos fondos granjeándose la fama de confiable, y ayudaba en casa con todo lo que podía.

Poco a poco Joos comenzó a progresar con sus habilidades, cuando fue lo suficiente mayor como para empuñar un blaster, comenzó a recibir trabajos, que lo desplazaban a lugares más variados, y su área de acción de La Ciudad Vertical aumentó de forma considerable. Durante un trabajo de chequeo de material de contrabando, Joos conoció al piloto de la Banshee Sigilosa, un carguero ligero de clase Dynamic, que solía atracar en la cubierta de desembarco en la que había trabajado su padre años antes. El viejo piloto coreliano, Demas Kolzaar, trabó amistad rápidamente con Joos, ya que conocía a su padre y padre e hijo compartían muchos rasgos, que hicieron que Demas reconociera al hijo de su colega al instante.

Demas sirvió a Joos de mentor sobre el pilotaje de transportes espaciales como la Banshee, y ofreció a Joos la posibilidad de pilotar el carguero de su posesión, haciendo cortas travesías a través el hiperespacio cercano a la luna de Nal Hutta. Demas también enseñó al joven a hablar Jawa, que junto al Huttés que había aprendido en Nar Shaddaa y su básico natal, crearían la lista de idiomas que Joos, a día de hoy, acabaría dominando.

Aunque la mayor parte de sus habilidades se las brindó la calle, Joos aprendió de su madre a arreglar todo tipo de aparatos, que llegaban a su taller de mano del mismo Verasx o de otros ciudadanos, por Joos pasaban motores de swoops, datapads, circuitos de droides integrados… Además este aprendizaje le confirió un gran dominio sobre informática.

A los 17 años Demas se presentó en su casa pidiéndole a Escara que diera permiso a su hijo para que pudiera recorrer el espacio con el, ayudándolo con los encargos. No sin lagrimas en los ojos Escara dejó volar a su pajarito, al que consideraba ya mayor, y no quería que quedase estancado toda su vida en la ciudad vertical, en un intento de separarlo de la vida alrededor de la mafia Hutt que gobernaba Nar Shaddaa. Joos partió aquella misma noche a recorrer la galaxia, en busca de nuevos negocios.

Durante dos años, Joos estuvo viajando con Demas de un lado a otro de la galaxia recogiendo y dejando mercancías, aprendiendo los entresijos de un negocio, que aunque conocía bastante bien, sabía que cada día aprendía más.

Durante el primer año la Banshee sufrió el ataque de un cazarrecompensas, este los confundió con otra nave. El mandaloriano no escondía su cara, ni llevaba casco. El que respondía al nombre de Almach Figondt, vestía una armadura media, medía medio metro más de lo normal, y no se separaba de su rifle blaster ni para dormir. Durante una semana estuvo acechándolos desde la distancia, sin que ninguno de los dos se diera cuenta. La majestuosa nave mandaloriana, estaba armada hasta los dientes, mientras la Banshee estaba escasamente armada, y hacía años que Demas había optado por evitar cualquier conflicto. Durante una travesía corta a través del Nucleo Profundo, el transporte mandaloriano se les echó encima y en un periquete Almach ya estaba dentro de la Banshee, y ambos transportes detenidos en un planeta deshabitado.

El guerrero estaba empeñado en que el viejo era algún contrabandista importante por el que daban una gran suma, de hecho mantenía que el rostro que sobrevolaba su holo-reproductor era el mismo, y poco se equivocaba. Durante una semana Almach tuvo a la Banshee y a sus tripulantes detenidos en aquel planeta esperando la confirmación del encargo. Cada día el mandaloriano estaba comenzando a ponerse nervioso. Aquel soldado no parecía peligroso en absoluto, no parecía estar muy seguro, farfullaba en un idioma que Joos no comprendía, pero cuando lo hacía en básico con Demas, se desprendía de esa conversación que no hacía poco tiempo que el cazarrecompensas iba detrás de su presa.

Al finalizar la semana, dentro de la Femur, nombre de la astronave mandaloriana, recibía un comunicado que desencadenó la liberación de Demas y Joos. Al parecer el objetivo, un renombrado cercenador, cambió los datos de su transporte y de si mismo en el tablón de recompensas del soldado mandaloriano. Durante el resto del año, la Banshee estuvo recibiendo cuidados intensivos sin poder levantar el vuelo.

Al finalizar el siguiente año, Demas tuvo que despedirse de Joos de forma indefinida. El viejo contrabandista se había quedado sin créditos debido al parón obligado, y había tenido que firmar un contrato con la República para el transporte de efectivos militares. Joos no entraba en el contrato, y Demas le ofreció, como pago por sus servicios a bordo de la Banshee, una cantidad de dinero suficiente para comprar, en Coruscant un transporte a donde Joos quisiera.

Demas acordó en dejarle en el puerto espacial de Coruscant, y así lo hizo, en la despedida, Demas le recomendó volver a Nar Shaddaa y comenzar una nueva vida en el lugar donde seguro, alguien como el lograría hacerse un buen lugar.

Joos no recibió muy bien el consejo, aún y así se despidió con un abrazo fuerte del viejo y le deseo toda la suerte del universo, esperando que algún día, sus caminos volvieran a encontrarse.

A punto estaba Joos de pagar el pasaje al primer crucero rumbo a la Ciudad Vertical que pudiera encontrar cuando un quermiano y un bothan conversaban animosamente de la cantidad de dinero que se podría hacer en Quermia, donde se había establecido una pequeña ruta comercial no legal, que estaba rompiendo los moldes, y convirtiendo en ricos a los pobres, que había un señor Hutt que estaba aceptando a cualquiera.

Joos no era cualquiera y vio en Quermia la posibilidad de encontrarse con riqueza, un transporte propio, y aventuras que le llevarían de nuevo a encontrarse con Demas.

La Excelsior era el siguiente transporte a Quermia en un largo viaje a través del hiperespacio, pero en las imagenes de la holopantalla sobre el crucero, esperando su salida en la órbita del planeta, un esplendido transporte civil, el precio del pasaje le permitía ahorrar un poco para cuando arribase a Quermia, lo cual le pareció mucho más tentador, con una pequeña bolsa de equipaje pagó el billete y subió a la lanzadera que lo aproximaría a aquella masa de duracero que lo aproximaría al principio de su gran aventura de camino al éxito.

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