Supervivencia extrema

Abro los ojos, el dolor de cabeza me está matando, no se si puedo decir que he sobrevivido, pero si esto es la muerte, hago bien en desear seguir vivo. Delante mio, el miraluka aún se encuentra sentado en su asiento con el cinturón abrochado, el impacto ha debido ser terrible, pero parece que nadie ha sufrido daños importantes, salvo la cápsula coreliana.

Me desabrocho el cinturón de seguridad y me agacho a recoger mi blaster. La zabrak se deshace en cuidados para la niña humana, mientras el Kel Dor se comienza a despertar de la inconsciencia. A través del transpariacero quebrado distingo al Yuzzem y al otro humano, observando el droide que intentaba abrirse paso a través del casco del transporte.

El advozse está recostado sobre una piedra a la sombra de un montículo, los dos soles que iluminan el planeta árido en el que nos encontramos ofrece un calor asfixiante al lado de la nave, producido por el calor que el casco aun mantiene de haber atravesado una atmósfera.

La arena roja lo cubre todo, como si los hubieran tirado al azar, varios montículos están colocados a lo largo del desierto ofreciendo sombra a todo el que se quiera perder ahí, o cobijo a los animales que en el habiten. El resto de compañeros de cápsula sale de esta y se dirigen hacia donde ha caído el droide. El miraluka y la niña comienzan a extraer provisiones de la cápsula de rescate.

La zabrak acaba de llegar y se agacha a inspeccionar el modelo. La superficie está calcinada, y poco queda que lo identifique, incluso el posible logo del fabricante habrá quedado reducido a nada. La zabrak hace un además para alzarlo, pero al poner las manos sobre el metal medio fundido deja escapar un alarido y separa rápidamente las manos, obviamente, quema y la curiosidad mató al nexu.

Mientras tanto, el humano da la posibilidad al Yuzzem de ir a buscar pisadas, o algún rastro que nos dirija en un camino correcto, para llegar a alguna especie de civilización.

– Mientras caíamos pude ver un resplandor en el horizonte – comenta la zabrak -. Puede que sea una mejor idea que quedarnos a morir aquí el de dirigirnos en esa dirección, si nos quedamos aquí parados nunca sabremos si nos hubiéramos podido salvar.
– Tienes toda la razón – inquiere el humano -, pero lo mejor será moverse de noche, con este calor no avanzaremos nada, y nos dejará exhaustos, dando la posibilidad a algún cazador de la zona a zampársenos sin miramientos, debemos ser la comida más lujosa que vaga hoy por estas tierras.
– Intentemos descansar entonces aquí, cuando comiencen a ocultarse los soles podremos ponernos en marcha, y quien sabe, a lo mejor podemos distinguir el resplandor y que este nos ayude a orientarnos – les digo con toda la voz de convicción y tranquilidad que puedo.

Casi sin habernos movido el calor acaba con un poco de mis fuerzas, la poca costumbre a estos terrenos ha hecho mella en mi, y mi cuerpo no se ha sentido indiferente, solo espero que al anochecer no nos congelemos de frío.

– He visto unos animales peculiares por ahí – la voz gruesa y grave del yuzzem atrona cada trozo del recoveco de montaña en la que nos hemos situado a “tomar el fresco” -. Miradlos son tan diminutos que podría aplastarlos, así sin más.
– Mejor que de momento no intentemos nada extraño contra ellos, aún no nos han dado razón y no parecen una amenaza, descansa, esta noche tenemos un largo trecho que recorrer – el humano está en lo cierto, todos asentimos y nos preparamos para el viaje, ayudamos a organizar las provisiones y recuperamos fuerzas.

Cuando ambos soles comienzan su descenso y la temperatura no es tan alta, comenzamos nuestro viaje. Aquellos diminutos animales, una pareja, nos sigue de lejos, pero es normal, todos nos quedamos embobados cuando algo fuera de lo común se acerca a nuestro hábitat.

Durante la caminata, sin tener nada que hablar, más que el ataque sufrido recientemente, del que ninguno parece querer oír hablar, uno por uno comenzamos a presentarnos, el yuzzem Kee, el miraluka Arebum, la zabrak Xuana, el humano Walter, el kel dor Tyr, el advozse, Ardrin, no para de quejarse sobre la temperatura del planeta y la niña, Urion, que se ha subido a la espalda de Kee, lleva dormida entre el pelaje un largo rato.

Cae la noche y comienza a hacer frío.

Walter enciende una barra de luz y seguimos caminando.

Nos detenemos, Walter se ha detenido, y mira fijamente hacia un punto en la arena, una gran cantidad de luces parecen encenderse a pocos palmos del suelo. No son luces, la luz es la de la barra que sostiene Walter en su cinturón, ¡son ojos! Comienzo a contar rápidamente, no es material de contrabando, pero todas las cosas se cuentan igual, si son ojos se divide entre dos, y ahí tienes la solución.

“- 50 – acabo de dar con el número exacto de ojos en la oscuridad, una pareja de estos se abalanza sobre nosotros, seguidos del resto, y 25 animales salen a nuestro encuentro mostrando dientes y garras por igual -, 25 bestias, ¡hay que disparar!”

En un abrir y cerrar de ojos uno de los animales se me encarama a la espalda y muerde mi ropa atravesándola hasta la carne, me hubiera gustado más no tener que probarlo, pero débiles no son.

Disparo a uno de los que quedan en el suelo, que rebota con el láser y cae de espaldas sobre la roja arena, con el rebote oigo un rugido que hace que me de la vuelta, noto incluso como la rata que me cuelga del hombro torna sus ojos hacia detrás. ¿De donde se supone que ha salido ese enorme krayt?

La situación pinta más grave de lo que parece, pero antes de huir del krayt tendremos que acabar con las pequeñas bestias. Oigo volar a mi lado una vibrohacha hacia el dragón, el zumbido se junta cerca de mi oreja y se aleja progresivamente, a la vez que se acerca a la figura del dragón, al Kee le va la marcha, o quiere acabar con nosotros de un solo plumazo, no creo que un dragón krayt sea la forma preferida de morir de nadie, y yo no soy una excepción.

Un suave alivio se apodera de mi cuerpo, la rata que estaba colgando de mi se separa y, seguida por el resto de la comitiva, se vuelven a adentrar, al menos las restantes, en la oscuridad del desierto, de reojo miro hacia donde está observando el dragón, intentando montar un plan de escape, pero, no hay dragón, ha desaparecido, y yo no me he dado cuenta, nunca hubiera dicho que los krayt fueran tan silenciosos a la hora de cazar, espero que no nos esté acechando y nos venga a buscar cuando estemos bien churruscaditos por los soles de este pequeño infierno.

Walter se hace con los tres animales que han caído así que el viaje continúa tranquilo sin más problemas, pero ahora ya es imposible estar más o menos relajado, tenemos esa sombra que nos perseguirá hasta que encontremos una cantina donde tomarnos algo refrescante.

Ya llevamos un buen rato caminando, cuando veo a lo lejos, en la penumbra a una criatura no muy grande, parece que nos sigue, si bien no son aquellas ratas, la idea no me tranquiliza. Me acerco a Xuana, que es la que tengo más cerca, y le golpeo levemente sobre el brazo, y apunto disimuladamente con el blaster hacia el punto donde veo la silueta. La zabrak mira y me hace un gesto de aprobación, pero no tengo tan claro que haya sido capaz de ver al animal.

– Nos están siguiendo – apunta Tyr -, este animal parece tener púas sobre la espalda.
– Son dos, no son demasiados – puntualiza Walter.

Intentamos no darles mucha importancia, en poco rato saldrán los soles, y necesitamos un refugio y rápido. Aquella montaña del fondo nos dará servicio mientras descansamos y nos preparamos para lo que resta de la larga travesía.

Las criaturas se acercan sospechosamente a nuestra columna. No les he quitado el ojo desde que las descubrí, pero el acercamiento no parece tener muchas intenciones. Me giro para comprobar la distancia al montículo.

– ¡Nos atacan! – grita Ardrin

Los dos animales se abalanzan sobre el advozse, intento disparar a uno de ellos mientras me separo a una distancia prudencial para evitar ser el siguiente objetivo de sus mandíbulas carnívoras. Kee comienza a tapar mi campo de visión, lo que hace que tenga que seguir moviéndome para buscar una posición desde la que mis compañeros de viaje no sufran daño en caso que falle. Ahora sí, uno de ellos retuerce una de las patas, dejándolo en cierto modo indefenso, no creo que nos haga falta mucho empeño para acabar con nuestro depredador.

Otro krayt ha aparecido a mis espaldas, entre sus piernas puedo ver a dos bestias más, espero que no nos haya visto, y podamos huir tranquilos. De momento, mi posición es correcta, mantengo la distancia con el grandullón y los más pequeños, si tengo que correr, al menos tendré margen de maniobra.

– ¡NO DISPARÉIS AL DRAGÓN! – alguien grita.

No tenía intención de hacer montar en cólera a la bestia. Y menos aún con la aparición estelar del actor preferido por los Hutts en Nar Hutta, el rancor, que aparece de detrás del montículo situado más al norte, y que se dirige hacia el dragón. Me aproximo a la posición donde se encuentra Kee, justo en sentido contrario a la pelea que va a haber entre el dragón y el rancor.

– ¡AQUÍ HAY UNA CUEVA! – el advozse está dirigiéndose en dirección al montículo de donde ha salido el rancor, pero la cueva no parece ser muy grande, así que es una posibilidad donde el rancor no pueda llegar a alcanzarnos.

Corro rodeando al dragón y al rancor, en dirección a la cueva. Entre la refriega veo como Arebum recibe un zarpazo de la mole, ayudándolo a desplazarse levemente en el aire, Xuana aprovecha el momento para huir, y me dirijo al miraluka esperando ofrecerle cobertura en su huida, en el momento en que el rancor se enfrenta al dragón y le propina el primer golpe. El dragón krayt desaparece, y el rancor se dirige hacia sus otras victimas, el resto de bestias.

Una vez dentro de la cueva, nos adentramos un poco más para evitar los largos brazos del rancor, decidimos descansar haciendo turnos de vigilancia.

Kee se ha largado por otro lado, y no se encuentra en estos momentos con nosotros, nos importa lo que le haya podido pasar, pero las caras me dicen que todos están mucho más preocupados por su insistencia.

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