La cápsula de escape

Y aquí estamos, un par de humanos adultos, una zabrak, un miraluka, un kel dor, un yuzzem, un advozse y una menor humana, dentro de una capsula de escape, agarrados allá donde podemos, la capsula salió expulsada antes de que pudiéramos abrocharnos los cinturones de seguridad, y nos está llevando un rato recuperarnos de la fuerte inercia. Al fin la cabina se estabiliza en una velocidad y podemos respirar tranquilos, un pequeño temblor desplaza a la capsula hacia un lado y a través de una de las ventanillas de la capsula podemos ver el carguero destruirse en una gran explosión provocada por el ataque. Ahora solo nos quedará esperar a que la capsula nos envíe a un planeta cercano y esperar al rescate.

Aún con la guardia baja logro mantenerme en pie después de la sacudida a la que nos somete la capsula de escape, estábamos todos tan absortos en nuestro bienestar que no hemos visto como hemos acabado directamente sobre la superficie de un asteroide de tamaño medio.

La cabeza me empieza a funcionar, no hay mucho que hacer aquí dentro y solo nos queda esperar que alguien nos rescate, el Yuzzem pide ayuda a través del comunicador, pero mucho me temo que a esta distancia solo los piratas nos encontrarán. Si nos lo tomamos con filosofía, es mejor ser los rehenes de unos piratas, siempre que les hagamos caso en todo lo que digan, que morir en una cápsula de escape porque esta misma no fue lo suficientemente buena para lograr su objetivo. Hoy no es un día del que los corelianos puedan estar muy orgullosos.

Alguien balbucea estupefacto unas palabras:

– ¡Mirad ahí!

Vuelvo la cabeza y a través del transpariacero donde la zabrak apunta, se puede ver otra capsula de escape, no estamos solos, y un transporte como el nuestro tan cercano augura una rápida localización por la astronave de rescate que nos venga a buscar. Pero parece que los piratas no se han rendido tan fácilmente, la idea de acabar en sus manos cambia drásticamente en mi cabeza. Un grupo de cuatro droides están acechando la otra capsula de escape. Y las ocho personas que hay en esa capsula parecen agolparse en el mirador frontal con un gesto desencajado en su cara. Al instante comprendo el porque.

Los droides están abriéndose paso a través del casco. Si voy a ser rescatado por piratas así, más me valdría haber muerto en el carguero, no parecen estar dispuestos a tomar rehenes. Me acabo de agenciar una máscara de oxígeno, tenemos que salir de aquí, pero no voy a morir asfixiado, y sin plantar pelea. Pese a que el Yuzzem propone mover desde dentro la capsula, no haremos nada sin los motores encendidos, que parecen estar apagados, y el otro humano y yo nos disponemos a buscar paneles internos desde donde acceder al circuito de los motores y ponerlos de nuevo en marcha. Mientras tanto, los droides están extrayendo a los últimos pasajeros de la otra cápsula. Un quinto droide se dedica a ojear a los inertes cuerpos de los desgraciados tripulantes.

La desesperanza se respira en el ambiente, mientras buscamos los paneles del control de los motores. Hemos dado con ellos.

– Es un sistema de encendido en paralelo, para mejorar la capacidad de vuelo – Me comenta el humano
– Lo se, intentemos encenderlos a la vez de lados opuestos, puede que así logremos que la cápsula vuele estable, si logramos sacarla del asteroide

El Yuzzem comienza a empujar con más insistencia que antes. A la tercera va la vencida, y al volver del tercer empujón la cápsula comienza a elevarse dejando al aire el pequeño cráter que esta ha inscrito en la cara del asteroide.

– ¡YA! – Grito mientras reconecto el flujo de energía del panel de mi motor.

Siento el leve sonido de la energía al pasar por los circuitos, al instante noto el que mi compañero humano acaba de conectar. La cápsula se mueve a duras penas.

– Hemos de conectar los otros dos, solo así podremos ganar más velocidad – masculla el humano
– Los droides no están – el Kel Dor puntualiza de manera incorrecta, haciendo que todos respiren aliviados, si buscan alguien, o algo nosotros también somos presas.

Intentamos mantener el perfil bajo moviéndonos a velocidad no muy elevada solo con dos motores, esperando que los droides confundan nuestra cápsula con alguna ya escaneada. Estoy convencido que no nos dejarán ir así como así, y al instante se confirman mis sospechas, un ruido de soplete contra duracero a la altura del plastiacero delantero vuelve a poner en tensión a estos navegantes de ciudad.

– Rápido, conecta el otro, vamos a dar toda la velocidad.

El otro humano y yo conectamos los otros dos motores y la cápsula gana velocidad, delante de esta aparecen un par de droides mientras intentan abrirse paso a través del casco.

Apago un motor con la esperanza que la cápsula gire en su centro y la fuerza centrífuga pueda hacerlos soltar. El transporte comienza a dar vueltas no de manera muy fuerte, y los droides parecen bien afianzados a la superficie así que le devuelvo la energía a un motor, estabilizando la cápsula. De golpe, uno de los droides se golpea contra el otro de forma súbita, puede que sea un pequeño truco del Kel Dor, o puede que mi giro haya funcionado.

Al superar la superficie del asteroide podemos ver como un planeta rojo se abre ante el plastiacero. Vamos a llegar a tierra y al menos no nos moriremos por la falta de aire, ni encerrados en esta caja.

¡CLONK!

Un estruendo como de metal roto nos acaba de alertar, al parecer aún quedan más droides y están horadando en la capa exterior del casco de la cápsula. Estamos muy cerca ya del planeta, y no tengo otra intención que la de sobrevivir a este día, así que tomo una máscara de oxígeno, me abrocho el cinturón de uno de los asientos y desenfundo mi blaster, con la intención de morir matando, mientras el resto hace lo mismo, y la niña es asistida por la zabrak.

El ambiente comienza a calentarse y a humedecerse, ya no se oye ningún ruido más que el de la atmósfera golpeando el pequeño transporte, solo cabe esperar que el resto de capas aguanten el calor, y que sobrevivamos. La fuerza comienza a crecer, y la presión sobre mi cabeza hace que me sienta que vaya a estallar, no quiero, pero me siento muy pesado, y mareado, parece que estemos cayendo en barrena, pero parece que también estemos quietos, no quiero perder el conocimiento, quiero vivir otro día, quiero llegar a Quermia, quiero quiero…

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