Dificultades en la Excelsior

Durante el trayecto a Gala no he hecho nada más que dar vueltas cada momento en un lugar diferente de la Excelsior, en una cantina distinta, tanteando los diferentes negocios que allí se puedan hacer, por si aparece alguno que me lleve directo a pisar Quermia y comenzar a trabajar.

Faltan tres horas para arribar a Gala, y me he parado a descansar en una de las muchas cantinas de la cubierta 12, una vez ahí tocará estirar piernas, tomar aire y volver a la Excelsior, para seguir dirigiéndonos a Quermia.

Acaba de entrar una bola de pelo yuzzem por la puerta y ha pedido una bebida en un gutural básico. Veo un grupo de duros que está cuchicheando chistes al otro lado de la sala, todos rodeando una mesa, digo yo que serán chistes, de vez en cuando paran a reírse, aunque la entonación de lo que hablan no parece ser muy de chiste, debe ser el idioma.

Todo parece muy calmado y es duramente aburrido, mirar a la holopantalla no ayuda cada dos por tres repiten la misma carrera de vainas.

Voy a pedir una copa y el suelo se mueve bajo mis pies separándome repentinamente de la barra. La barra acaba de desaparecer como todo a mi alrededor, solo oigo algunos gritos de pánico procedentes de algunas mujeres pero pocos instantes después la luz vuelve y las holopantallas emiten un mensaje claro de la tripulación. Al parecer la Excelsior ha tenido algún problema técnico, y piden a los pasajeros que nos dirijamos a la cubierta 4.

Mucha gente en la cantina pasa olímpicamente del mensaje y prefiere quedarse en la sala, y solo unos pocos siguen los consejos del mensaje. De nuevo el suelo vuelve a menear mi cuerpo. La sacudida ahora es más seria y varios elementos del mobiliario caen al suelo, las botellas caen y revientan en un ruido ensordecedor, dejando todo el suelo lleno de porquería. El problema parece ser más grande de lo normal supongo que esto hará que todos los pasajeros decidan que va siendo hora de hacer caso a quien sabe. Las luces vuelven a hacer acto de ausencia, y vuelven a aparecer algunos gritos, al cabo del rato, se encienden las luces. Lo único que veo ahora es desorientación y un poco de pánico en algunos rostros. Se ha hecho el silencio, solo estorbado por el droide de servicio que no hace nada más que pedir ayuda para ser alzado otra vez sobre sus patas.

De nuevo la tripulación vuelve a recitar un mensaje que confirma mis sospechas ante la salida del hiperespacio.

Estamos cruzando un campo de asteroides que los mapas no contemplan, y nos deben haber golpeado unos cuantos de un tamaño considerable. Insisten en seguir el protocolo de Seguridad Espacial que establece la compañía de la Excelsior. La mayor parte de los pasajeros que se encuentran en la cantina comienzan a desfilar hacia fuera, con cierto orden, quizá un poco histérico, pero orden al fin y al cabo.

Suelto mis manos de la barra y me dispongo a hacer lo mismo, al instante me muevo de lado a lado de forma involuntaria y acabo unos pocos metros más allá de la barra golpeándome con una silla que había caído instantes antes. Los gritos de la gente son más que obvios, la gente comienza a entrar en pánico, ya que está es la tercera sacudida, la más fuerte, y las luces tardan bastante más que antes en encenderse, me quedo en el suelo mientras espero a que las luces se enciendan, sin separarme de la silla y la mesa, para evitar ser aplastado por la multitud en caso que el pánico los mueva y me lleve más golpes de los necesarios.

La luz de emergencia se enciende y puedo distinguir a los duros sueltan al droide, al que estaban intentando ayudar a levantarse, y salen con cierta prisa de la cantina. La cara de desconcierto de todo el que me rodea es un poema no iba a intentar buscar respuestas en ellos, pero de haberlo intentado mis intentos hubieran sido totalmente infructuosos.

Resuena un nuevo mensaje de la tripulación mucho más apremiante que los dos anteriores, mucho más corto, de fondo llego a escuchar que alguien informa del estado crítico de los escudos. ¿Escudos? ¿No son asteroides? Me empieza a oler a chamusquina y temo un ataque deliberado de piratas espaciales, ya decía yo que todo iba a ser muy aburrido, y comienzo a maquinar un plan para evitar ser tratado como un prisionero en caso de un abordaje que parece inminente, ponerme del lado de los piratas, trabajar durante un tiempo para ellos, y una vez a salvo intentar huir.

La alarma comienza a resonar a través de toda la astronave. Salgo al pasillo y la muchedumbre me engulle haciendo que me mueva a su ritmo, una masa moviéndose a la vez. De otros locales de ocio se nos unen más y más grupos de personas. De golpe el transpariacero deja traspasar una cantidad ingente de luz y la manada se detiene, en el momento de luz en el que recupero mis ojos del deslumbramiento puedo distinguir la silueta de lo que parece ser un caza, que acaba de dar la vuelta bastantes metros más allá y está cargando contra la Excelsior dejando caer una andanada de luz sobre el casco de duracero. El momento en que las cargas golpean la Excelsior vuelve a haber un fuerte movimiento de esta, esta vez, parte del techo del pasillo en el que nos encontramos se desploma sobre un grupo cercano a mi, y la manada reanuda la marcha mucho más rápido que antes, siempre tras las luces de emergencia.

Esta claro que es un ataque y la megafonía se empeña en aclarar lo obvio, la tripulación nos insta a dirigirnos a las capsulas de escape. La manada se ha convertido en jauría, este último mensaje ha acabado con toda la calma que había en el pasaje, al parecer nadie se ha percatado del caza que nos ha disparado, y por eso seguían moviéndose con esa cierta calma. Intento recordar algunos planos que me enseñó Demas sobre cargueros de pasajeros y voy apartando a la gente, en la dirección donde creo recordar que se encuentran las mencionadas capsulas. Al poco me encuentro junto con un grupo de gente que, con un poco más de calma y decisión, han elegido el mismo camino que yo, espero que acabemos allá donde se encuentra nuestro objetivo.

Otro conjunto de estruendo, sacudida y fogonazo hace que el pasillo por donde nos movíamos se desplome delante de nuestras narices, cortándonos el camino, debe ser mi día de suerte, ya van dos desplomes y he logrado sobrevivir a ambos, y a nuestra derecha hay un pasillo amplio que nos servirá de alternativa para alcanzar los niveles bajos y la sala de escape.

Me acabo de acercar a la entrada del pasillo mientras una pareja de pasajeros de dentro de nuestro grupo mantiene una conversación corta y unilateral, al darme la vuelta para asegurarme que todo el mundo ha podido ver la entrada, puedo ver asomar un sable debajo de una túnica que poco esconde su identidad. El Jedi más experimentado le dice a su alumno, un Kel Dor con la expresión tapada por la máscara y las gafas, que continúe avanzando con nosotros, mientras el se queda a ayudar a los heridos, se agacha par ayudar a un malherido a levantarse y liberar la pierna de debajo de una placa de duracero. Un golpe de aire caliente procedente de un peludo y gran cuerpo de un yuzzem me pasa al lado, le siguen un humano, una zabrak, un miraluka y finalmente el Kel Dor se decide a sobrevivir con nosotros. Corro detrás de ellos intentando adelantarme y ayudar a guiarlos a través de los pasillos que se abren por delante nuestro.

Mientras pasamos pasillos y cruces, la computadora de abordo recita el nivel de daño en el casco de la Excelsior con cada hito programado, 50% del daño, 75% del daño, tengo que ir medio empujando al Kel Dor que va mirando de reojo por si su maestro lo acompaña, no tenemos tiempo para eso, desembocamos en una sala donde se encuentran varias capsulas, algunas de ellas ya han saltado de la astronave y puedo ver a otras salir de la estancia, 90% del daño. El Kel Dor se detiene y se da la vuelta, miro de reojo, pero no parece acercarse nadie.

Ya solo queda una capsula y desde dentro, puedo oír una voz saliendo de la última capsula disponible:

– Vosotros, empanaos, es la última cápsula. O espabiláis o vais a tener un ataúd de miles de kilos de duracero, vamos.

Un movimiento fortuito en el pasillo hace que me gire antes de entrar en la capsula y puedo ver una niña acercarse a la sala. Justo antes de llegar a la capsula tropieza y cae, entre todos la ayudamos a levantarse y a entrar. Justo acabo de pasar mi pierna hacia dentro de la capsula de escape, la puerta se cierra herméticamente, y puedo notar la aceleración haciendo que el espacio se abra ante nosotros a través del transpariacero. Somos libres, por el momento.

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6 comments

  1. “El Jedi más experimentado le dice a su alumno, un Kel Dor con la expresión tapada por la máscara y las gafas, que continúe avanzando con nosotros…”

    y el jedi se hizo mierda ¡¡¡ ooh, oh, ohhh

    1. La verdad, encontrarnos todos en una cápsula de rescate, apretujados y muertos de miedo, empotrados contra un asteroide y rodeados de droides que nos quieren eliminar… no se, creo que peor no podíamos estar

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